Parte I – uma crônica sobre o Sr. Juvenal, um passageiro paulistano.

O despertador o acorda. O dia mal amanheceu. Ele levanta da cama, desliga o despertador. Vai até o banheiro, lava o rosto, escova os dentes, faz sua necessidades. Anda até o guarda roupas, “escolhe” seu uniforme. Toma um café rápido, confere os bolsos, dá um beijo em sua senhora, e vai…
Vai até o ponto de ônibus, dá sinal para o motorista não passar direto, entra no ônibus, passa a catraca, se pendura igual carne no frigorifico no curto espaço que encontra entre uma senhora que exala cigarro e um homem alto e suado que com os braços para o alto aproxima sua axila no seu rosto, e vai…
Entre o “balance” do transporte coletivo, abruptas freadas e lombadas que mais se parecem com postes deitados, vai o nosso viajante, se equilibrando e agarrando com força a alça de apoio do ônibus.
Mesmo com o olhar fadigado, a expressão enfadonha e a dor na costela após tomar uma cotovelada, nosso herói segue seu trajeto como um manso cordeiro; Sem reclamar ou esboçar qualquer crítica daquele aperto coletivo diário que já se acostumara.
Mas não é só de apertos que vivem as pessoas que utilizam o transporte coletivo, também é possível ouvir a voz da imaginação, sim! aquela voz que ecoa em nossas mentes, que faz parecer que temos um “EU” dentro de nós. Aquela voz, que alguns chamam por aí de voz intrusiva, que as vezes é mansa e nos instiga a refletir sobre coisas boas e que outras vezes nos vem com ideias mirabolantes e pensamentos completamente desprezados pelo coletivo social.
Pois bem, estava o nosso malfadado personagem espremido, quando por espasmo de consciência notou que todas as pessoas que estavam sentadas iam o caminho inteiro com os olhos fixos em seus aparelhos celulares. Ninguém olhava para o passageiro que estavam ao seu lado, muito menos para a paisagem da cidade, os passageiros fixavam-se somente naquela pequena caixa retangular que os prendia a atenção como nenhuma outra coisa.
Intrigado por não saber o que os hipnotizavam, Juvenal forçou suas vistas e notou que o que eles viam era nada mais nada menos que uma sequência ininterrupta de vídeos e fotos aleatórios. Na tela dos celulares ora aparecia um vídeo de um cachorro que corria com uma câmera na boca, ora um grupo de jovens coreanos requebrando o quadril, ora aparecia uma pregação de um pastor de terno e gravata que gritava com as pessoas no púlpito, ora uma foto de uma mulher seminua, ora um vídeo de culinária, uma foto de um politico populista, enfim, uma enxurrada de estímulos imprevisíveis e intermináveis.
Assustado, o homem constata que todos os que estavam a sua volta, sem perceber, estavam submersos em um mundo paralelo, totalmente irreal, não tangível, completamente distantes dos que estavam fisicamente próximos; já não se ouviam diálogos;
Foi quando, subitamente nosso trabalhador fez um extraordinário questionamento; que só poderia ser feito por quem estava de fora da dominação das redes, e, se pergunta: quando foi que chegamos nessa situação?.
o que achou deste conto?
———————————————————————————————————-
versão em espanhol:
El despertador lo despierta. Apenas ha amanecido. Se levanta de la cama, apaga el despertador. Va al baño, se lava la cara, se cepilla los dientes, hace sus necesidades. Se dirige al armario, «elige» su uniforme. Toma un café rápido, revisa los bolsillos, le da un beso a su señora y se va…
Va a la parada del autobús, le hace señas al conductor para que no se pase, sube al autobús, pasa por el torniquete, se cuelga como carne en un frigorífico en el pequeño espacio que encuentra entre una señora que exhala humo de cigarrillo y un hombre alto y sudoroso que, con los brazos en alto, acerca su axila a su cara, y se va…
Entre el balanceo del transporte público, las frenadas bruscas y los baches que parecen postes tumbados, va nuestro viajero, manteniendo el equilibrio y agarrándose con fuerza al asidero del autobús.
A pesar de su mirada cansada, su expresión aburrida y el dolor en las costillas tras recibir un codazo, nuestro héroe sigue su camino como un cordero manso, sin quejarse ni criticar ese apretujón colectivo diario al que ya se ha acostumbrado.
Pero las personas que utilizan el transporte público no solo viven de apretujones, también es posible escuchar la voz de la imaginación, ¡sí! Esa voz que resuena en nuestras mentes, que nos hace sentir que tenemos un «YO» dentro de nosotros. Esa voz, que algunos llaman voz intrusiva, que a veces es suave y nos incita a reflexionar sobre cosas buenas y otras veces nos viene con ideas descabelladas y pensamientos completamente despreciados por el colectivo social.
Pues bien, allí estaba nuestro desafortunado personaje apretujado, cuando, en un espasmo de conciencia, se dio cuenta de que todas las personas que estaban sentadas iban todo el trayecto con la mirada fija en sus teléfonos móviles. Nadie miraba al pasajero que tenía al lado, y mucho menos al paisaje de la ciudad, los pasajeros solo se fijaban en esa pequeña caja rectangular que les llamaba la atención como ninguna otra cosa.
Intrigado por no saber qué les hipnotizaba, Juvenal forzó la vista y se dio cuenta de que lo que veían era nada más y nada menos que una secuencia ininterrumpida de vídeos y fotos aleatorias. En la pantalla de los móviles aparecía ora un vídeo de un perro que corría con una cámara en la boca, ora un grupo de jóvenes coreanos contoneando las caderas, ora un sermón de un pastor con traje y corbata que gritaba a la gente desde el púlpito, ora una foto de una mujer semidesnuda, ora un vídeo de cocina, una foto de un político populista, en fin, un torrente de estímulos imprevisibles e interminables.
Asustado, el hombre se da cuenta de que todos los que le rodeaban, sin darse cuenta, estaban sumergidos en un mundo paralelo, totalmente irreal, intangible, completamente alejado de los que estaban físicamente cerca; ya no se oían diálogos;
Fue entonces cuando, de repente, nuestro trabajador se hizo una pregunta extraordinaria, que solo podía hacerse alguien que estuviera fuera del dominio de las redes, y se preguntó: ¿cuándo hemos llegado a esta situación?
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com
Deixe um comentário